De gestora de proyectos a traductora autónoma: lo que he aprendido de ambos mundos

¡Te doy la bienvenida al primer artículo de mi blog! Soy Paloma, y mi aventura profesional me ha ofrecido una perspectiva única del sector de la traducción. Y es que, trabajé dos años como gestora de proyectos (también conocido como Project Manager o PM) en una agencia de traducción antes de embarcarme en mi actual carrera como traductora autónoma.

Así pues, el hecho de haber formado parte de la gestión de proyectos para una agencia de traducción me dio la oportunidad de ver en directo lo que ocurre entre bastidores. Ahora, como autónoma que trabaja al otro lado, puedo utilizar todas las lecciones que he aprendido en mi trabajo día a día. Te cuento un poco más sobre todo lo que he aprendido.

Primera lección: saber organizarse es imprescindible (tanto como gestora como de traductora autónoma)

No se puede negar, la vida como gestora de proyectos es dura. Desde gestionar como puedes los plazos de entrega imposibles y adaptarse a las expectativas del cliente hasta coordinarse con varios profesionales autónomos de diferentes combinaciones de idiomas y negociar presupuestos… Todo ello al mismo tiempo. Suena un poco intenso, ¿verdad? Lo cierto es que lo es, y es un trabajo que exige mucha agilidad mental.

En una agencia de traducción debes gestionar varias combinaciones de idiomas, diferentes fechas de entrega

El kit de supervivencia de los gestores de proyectos

De todo mi tiempo en la gestión de proyectos, siento que lo que más aprendí fue a organizarme en cuestión de prioridades y horarios. De hecho, esta habilidad es la que ha demostrado ser más útil en mi vida como traductora autónoma. Tened en cuenta que, para gestionar proyectos, hay que organizarse a la perfección: debes controlar muy bien las fechas de entrega, coordinar las de los traductores y revisores, tener tiempo para el QA, etc.

También es importante ser proactivo y prepararse para los problemas antes de que ocurran. Por ejemplo, si entraba un proyecto con muchas combinaciones de idiomas, ya sabía que tenía que escribir a mis traductores de confianza lo antes posible (y tener a algún profesional más bajo la manga, por si acaso).

Así pues, desarrollar estas habilidades durante mi tiempo de gestora de proyectos me ha ayudado mucho a saber cómo gestionar mi tiempo como traductora autónoma. ¡De todo se aprende!

La libertad de los profesionales autónomos

Ahora, puedo usar esas habilidades para manejar mi propio horario a mi propio ritmo. Puedo organizarme el día para trabajar durante mis horas más productivas (cuanto más temprano empiezo, ¡mejor para mí!). Es más, ahora mismo, estoy escribiendo esto con mis dos gatos dormidos en mi regazo mientras me tomo mi café en mi taza de anime favorita. Eso no es algo que se pueda hacer en una oficina, ¡y esta libertad no tiene precio!

Bueno, sí lo tiene, relativamente. Al ser autónoma, si no trabajo, no cobro. Es decir, no tengo vacaciones pagadas, como antes tenía. Tampoco es que el asunto de las bajas por enfermedad sea muy sencillo. Y es que si hay una verdad absoluta para un autónomo es que el tiempo es dinero, y todo tu tiempo libre es dinero que no estás cobrando.

Segunda lección: la verdad sobre la comunicación con los clientes y los plazos de entrega

La carga de los gestores de proyectos

Entiendo que, como autónomo, cuando un gestor de proyectos te pide un plazo de entrega muy justo o te ofrece una tarifa más baja que tu tarifa habitual, puede resultar molesto. Pero hay que saber que, muy pocas veces, es culpa del gestor.

A menudo, simplemente, están trabajando con lo que el cliente les ha pedido y están haciendo lo posible por asegurar que el proyecto se cumple en el tiempo indicado y con el presupuesto con el que cuentan. No lo hacen por molestar, es que no tienen otra opción. Tú, como autónomo, puedes aceptar o rechazar el trabajo, es decisión tuya.

Por lo tanto, el trabajo de gestor de proyectos es estresante. A veces, tienes que pedir cosas que no te gustaría pedir o buscar la manera de sacarte las castañas del fuego. Todavía recuerdo buscar en ProZ o LinkedIn, a contrarreloj, a profesionales que pudieran ayudarme con un proyecto difícil. ¡Es algo que no echo de menos de la gestión de proyectos!

Por eso, ahora que estoy al otro lado, intento responder lo antes posible a los gestores de las agencias de traducción que me escriben. Sé que podría estar quitándoles un peso de encima al saber que ya tienen una combinación de idiomas asegurada. Además, recuerdo ver aparecer un mensaje en el que ponía «¡Estoy disponible!» y sentir una gran satisfacción; una cosa menos.

Ver el mensaje de «Estoy disponible» de un traductor autónomo es muy satisfactorio.

Como traductora autónoma, definitivamente, tengo más libertad al elegir a mis clientes y sus proyectos. Una de mis mayores fuentes de estrés, cuando era gestora, era ver aparecer un mensaje de un cliente a última hora. Pensad que, como gestor, no puedes decir que no a un proyecto; no es decisión tuya. Así que tocaba escribir a todos los traductores y rezar para que al día siguiente a primera hora tuvieras varios «¡Puedo encargarme!». Y eso si el plazo era suficiente como para esperar al día siguiente.

Ahora, si estoy demasiado ocupada o un proyecto no encaja con los servicios que ofrezco, puedo decir que no. ¿Que por norma habitual suelo decir que sí a mis clientes de confianza, aunque esté ocupada? Sí, lo cierto es que muy muy muy ocupada tengo que estar para rechazar un trabajo de un cliente de confianza. Siempre intento sacar tiempo para ellos. Pero, ahora, es mi decisión, nadie me obliga a hacerlo.

Los autónomos tenemos más opciones

Tercera lección: la importancia de que te recuerden

Cuando era gestora, obviamente, tenía a mis traductores y revisores favoritos. Eran profesionales por los que movía montañas (o en este caso, plazos de entrega) con tal de que pudieran encargarse ellos. Su trabajo de calidad constante me daba la tranquilidad de saber que iba a recibir unas traducciones o revisiones prácticamente perfectas.

Además, una de mis mayores satisfacciones era poder conocer a los autónomos con los que trabajaba a menudo. Cuando un proyecto me daba la opción de hacer algo por ellos, como ofrecerles plazos de entrega muy amplios o tarifas superiores a las habituales, lo hacía encantada. ¡Ellos me hacían la vida más fácil y me gustaba devolverles el favor!

Lo que más miedo da como traductora autónoma

A pesar de ello, ahora que soy traductora autónoma, me he dado cuenta de una cosa: es muy fácil que se olviden de ti. Solo hacen falta unas vacaciones o una baja por enfermedad para que el gestor de proyectos encuentre a otra persona. Así de fácil. Hay que tener en cuenta que hay miles de profesionales con talento y, si un gestor necesita a alguien que haga tu trabajo, lo encontrará.

Eso es lo que da más miedo, el hecho de saber que tomarte un tiempo libre puede implicar que tus proyectos habituales pasen a otra persona. Ese miedo es una de mis motivaciones para asegurarme de entregar siempre un trabajo impecable y mantener siempre una comunicación abierta. Quiero seguir siendo la primera opción cuando vuelva al trabajo.

Hay que dar lo mejor de uno mismo para que los clientes no se olviden de ti.

En resumen, cada mundo tiene sus ventajas y de todo se aprende

La libertad de una traductora autónoma es incomparable, y no solo por trabajar desde casa. Es el hecho de poder decidir qué trabajos aceptas o no, de poder tomarte un tiempo libre cuando lo necesites o de organizarte tus horarios como mejor te convenga.

Por otro lado, la seguridad de un gestor de proyectos es incomparable también. Tener un sueldo asegurado todos los meses es algo que se echa de menos cuando eres autónomo.

La vida de gestora de proyectos me enseñó las mecánicas del sector de la traducción, cómo funciona la comunicación con los clientes y los autónomos, cómo organizarme y cómo gestionar mi tiempo. La vida de traductora autónoma me ha enseñado el auténtico valor de mi tiempo, mi experiencia y la libertad que conlleva.

Y, gracias a poder combinar las lecciones aprendidas de ambos mundos, ahora puedo tener más empatía con los gestores, puedo organizarme de forma eficiente y, sobre todo, puedo adaptarme a mis clientes, ya que conozco sus experiencias al otro lado.